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D³ – Demencia, Discapacidad y Dependencia

Alguna vez hemos oído una frase como: “Si, pero eso es solo para la Discapacidad, vosotros estáis en Dependencia”. Parece que para algunos colectivos son compartimentos estancos la Demencia, la Discapacidad y la Dependencia, cuando todos estos no son más que fases de una misma cadena de causas y efectos.

La Demencia es una condición de salud originada por distintas enfermedades; Alzheimer, Frontotemporal, Cuerpos de Lewy, etc.., que tiene como consecuencias en sus fases iniciales de unas deficiencias; en la memoria, en la conducta, luego empiezan a surgir limitaciones en la actividad; problemas para manejar dinero, para conducir y para vestirse, hasta llegar a restricciones en la participación, sea en el trabajo, en las relaciones o en el ocio, todo esto genera una Discapacidad.

La Discapacidad es un marco social de derechos y funcionamiento, es la situación en la que una persona requiere la asistencia de otra para actividades de la vida diaria, de forma frecuente o continuada.

La Dependencia, en el contexto de servicios sociales, sanidad, o cuidados de larga duración se refiere a la necesidad de ayuda de otra persona para realizar actividades básicas de la vida diaria debido a una pérdida de autonomía, ya sea por una discapacidad física, intelectual, sensorial o por una enfermedad, es la situación en la que una persona no puede valerse por sí misma para llevar a cabo tareas fundamentales del día a día y necesita apoyo de manera continua, frecuente o extensa.

Una de las mentes más brillantes del pasado siglo fue la de Stephen Hawking, un científico británico reconocido como uno de los más influyentes nacidos en el siglo XX, sin embargo, tenía una discapacidad física, una Esclerosis Lateral Amiotrófica “ELA” hizo que le recordemos en su famosa silla motorizada gracias a la que podía comunicarse, Hawking aunque mentalmente brillante dependía físicamente de su silla por su discapacidad, y tenía una discapacidad por su enfermedad.

En esta travesía, donde la Demencia inicia cambios que derivan en Discapacidad y finalmente en Dependencia, no debemos olvidar que detrás de cada diagnóstico hay una persona, una historia y un entorno familiar que lucha por mantenerse firme, y que cada pequeño avance social logrado permite que la dignidad y el valor de la persona permanecen intactos, incluso cuando las capacidades se transforman.

Solo conseguiremos una verdadera atención social integral cuando los dirigentes políticos sean capaces de dar el primer paso y unir sus esfuerzos con las familias y los profesionales para acompañar, aliviar y dignificar este camino, convirtiendo lo difícil en humano y lo humano en esperanzador, y este es todavía un paso que no hemos recorrido.

 

Santiago Llopis

Presidente de FEVAFA Alzheimer

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