Avenida Tres Cruces, 67 bajo-izq · 46014 Valencia
96 151 00 02 · 670 611 207

Demencia, ¿un caso de doble discriminación?

Tengo entendido que la demencia es la enfermedad más temida, más incluso que el cáncer. Ese temor, como todos, nos hace ver esta condición desde una perspectiva que en muchos casos no está basada en la realidad o, por lo menos, basada en una realidad teñida por tópicos y falta de información. Este miedo, al igual que en otras condiciones, nos hace concentrar nuestros pensamientos en las fases más duras de la enfermedad y olvidar que de hecho sí se puede vivir bien con demencia. Para alcanzar el bienestar, debemos dedicar nuestro esfuerzo en personalizar el trato y el cuidado a personas con demencia y a sus familiares, y a maximizar el potencial de cada individuo en cada fase de la enfermedad. Es cierto que todavía no hay cura para las demencias, pero eso no impide que podamos mejorar las expectativas de quienes las padecen ni la de las familias que están a su cargo. Para ello, sin embargo, hace falta voluntad, compromisos políticos e inversiones sociosanitarias que permitan cambios sustanciales.

Volvamos al tema que nos ocupa. En mi opinión, la gente con demencia sufre una doble discriminación. Por una parte, edadismo; es decir, estereotipos, prejuicios y discriminación hacia las personas debido a su edad. Aunque no todas las personas con demencia son mayores, viejas o de edad avanzada, como se les suele denominar, es cierto que la mayoría lo son y la enfermedad está intrínsecamente ligada a ser de mayor edad. Incluso la gente joven con demencia es vista como alguien que sufre una «enfermedad de viejos”. En una sociedad en la que los valores más preciados son la riqueza (y por tanto la producción) y los cánones de belleza y salud están representados por la juventud, la discriminación directa e indirecta que sufre la gente mayor es palpable y obvia. Tendemos así a olvidarnos no solo de la contribución a nuestra sociedad actual que desempeñaron nuestros mayores, sino a la sabiduría y contribución que todavía aportan. Otras sociedades, como por ejemplo la nipona, tienen una actitud de reverencia y respeto a sus mayores, que se refleja en su sentido social y de derechos de estas personas.

Por otro lado, las enfermedades que presentan síntomas neuropsiquiátricos (inhibición, cambios de conducta, delirios, declive cognitivo…), como es el caso de las demencias, reciben un rechazo tanto de la sociedad en general como, en muchos casos, de los mismos profesionales que deberían entender y saber cómo manejar estos síntomas. No es nada nuevo: el rechazo y la falta de entendimiento y empatía frente a las “enfermedades mentales” siguen estando muy presentes en nuestra sociedad. Por tanto, creo firmemente que la gente con demencia es objeto de una doble discriminación en esta sociedad: no únicamente son viejos, sino que además tienen síntomas de deterioro mental.

Las consecuencias son nefastas para la gente con demencia y para sus familiares y amigos porque el peligro de las actitudes discriminatorias puede derivar en una falta de voluntad por parte de la sociedad y de sus instituciones para luchar frente al estigma asociado a esa condición. Efectivamente, no reconocer sus necesidades específicas y generar los cambios que se precisan, es una forma de discriminación. Por tanto, es necesario priorizar los recursos necesarios para cambiar actitudes y conocimiento de la enfermedad en amplias capas de la sociedad, empezando por los trabajadores y trabajadoras de los sectores sociosanitarios. De hecho, la actitud nihilista de la inevitabilidad de la demencia como parte del envejecimiento es errónea y contraproducente. El rechazo o aprensión por parte de la población a la hora de buscar ayuda cuando los síntomas de la demencia aparecen, hacen peligrar el deterioro, ya que las intervenciones en el periodo crucial de la enfermedad permiten intervenciones más eficaces.

En definitiva, falta voluntad política para hacer realidad las promesas plasmadas en papel y voluntad para normalizar al máximo la vida de las personas con demencia y la de sus familiares a través de la inclusión significativa en nuestra sociedad. Así pues, soy de la opinión que una sociedad civilizada se mide por su capacidad de valorar y cuidar de sus miembros más vulnerables y… ¿quién hay más vulnerable en nuestra sociedad que la gente mayor con demencia?

Dr César Rodríguez Castelló

Médico Psiquiatra especializado en Psiquiatría Geriátrica

Miembro del Comité de Expertos FEVAFA

Related Posts

Leave a reply



El periodo de verificación de reCAPTCHA ha caducado. Por favor, recarga la página.